viernes, 11 de diciembre de 2009

Contribuyendo a un futuro azul y verde

¿Alguien es capaz de decirme (sin mirar antes en un mapamundi) dónde está Tuvalu? Existe, no es broma. Yo lo he buscado y en el mapa que tengo aquí en el despacho no aparece…

Bueno, a lo que iba: resulta que en la cumbre del cambio climático de Copenhague el representante de este país ha puesto el punto sobre la íes de los países ricos y emergentes. Claro, le va la vida en ello. Si, por el calentamiento global, continúa subiendo el nivel del agua su territorio desaparecerá engullido por el mar. Como para no preocuparse.

Ya no hablamos de que nos falte agua, de que haga mucho calor en agosto o de que en diciembre tengamos más días con sol que nevadas. Estamos tratando de la supervivencia de Tuvalu (un paraíso en el que viven poco más de 10.000 almas) y del planeta.

Las grandes potencias contaminantes (China, Japón, Estados Unidos…) deben alcanzar un acuerdo para detener el cambio climático. Pero eso es sólo un primer paso. Lo realmente decisivo es que, cada uno de nosotros, adoptemos medidas para ahorrar energía, para reciclar, para disfrutar del planeta de forma sostenible. Nosotros, cada uno en su vida particular, tiene la clave para que Tuvalu siga existiendo.

La utilización de energías limpias con la instalación de paneles solares como los tenemos en el Ayuntamiento, en el polideportivo Francisco Javier Castillejo, el Nido, en el aparcamiento de Felipe II y que seguiremos colocando en dependencias municipales (por ejemplo, en Parla Natura ya funciona una planta fotovoltaica que permitirá ahorrar más de 600 toneladas de CO2), el impulso a las construcciones sostenibles y respetuosas con el medioambiente, la política activa de creación y regeneración de espacios verdes o la implantación de sistemas de riego inteligente que ahorran agua son algunas de las pequeñas medidas que desde el Ayuntamiento tomamos para contribuir a que el cambio climático no se haga realidad.

Pero si de algo me siento orgulloso es de nuestro transporte público. El tranvía es un medio ideal para combatir las emisiones más contaminantes. De hecho hemos marcado tendencia y muchas ciudades españolas se han decantado por este eficaz y limpio medio de transporte. A ello hay que unir que casi la mitad de la flota de vehículos de medioambiente funcionan con gas, mucho menos contaminante que los vehículos de gasoil o gasolina.

Además, intentamos concienciar a los más jóvenes de la importancia del reciclado. Son ellos, los niños del siglo XXI, los que más sufrirán las consecuencias del calentamiento global, pero los responsables son ellos y, especialmente, nosotros. Responsables y culpables, si no actuamos ya, de que Tuvalu, un grupo de islas en un atolón del Pacífico (por fin lo encontré, gracias a Internet), se convierta en una diminuta huella que había en los mapas del pasado.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Constitución de 1978. 31 años de consenso y diálogo

Un año más todos los españoles, todos los demócratas nos unimos para celebrar el nacimiento, la fortaleza y la vigencia de la Constitución Española.

La Constitución más sana y longeva de la historia de España cumple 31 años. Tres décadas de logros, de retos superados, de escollos librados por todos los españoles a base de diálogo y entendimiento. Algo que nunca había sucedido en este país. Heredera en parte de las normas de 1812 y 1931, la Constitución del 78 es, sobre todo, un marco de referencia que nos dimos los españoles sin excluir a nadie de la otra España. Dicho de otro modo, por primera vez, nadie impuso a nadie las reglas de juego. La inmensa mayoría las aceptó hace 31 años y ahora las sigue aceptando.

Estas palabras pueden sonar huecas si no somos capaces de escapar de la sana pugna diaria. Si miramos con perspectiva, la cultura de derechos, la cultura del respeto y la cultura de la protección de esos derechos supone un éxito colectivo del que sólo nos podemos sentir satisfechos, aunque no conformes.

Los avances que hemos experimentado en Sanidad o en Educación, y que tienen sus referencias claras en artículos de la Carta Magna (43, 27…), son tan formidables que nos los podemos olvidar. La cobertura sanitaria en nuestro país es universal, que un tercio de los hijos de padres con estudios mínimos alcancen la universidad o que la educación sea obligatoria y gratuita hasta los 16 años son pilares de la nueva sociedad que surgió, que entre todos hicimos que naciera, en 1978.

Ahora bien, no quiero ser conformista. Sabéis que no lo soy y menos ahora. Hay mucho camino por recorrer en Sanidad (listas de espera, saturación de urgencias…), en Educación (tasa de abandono de estudios, resultados del informe PISA…), en políticas sociales y de atención a los menos favorecidos (desarrollo de la Ley de Dependencia)…

Para concluir quiero incidir en dos puntos en los que no podemos parar. La igualdad de la mujer y la integración de los inmigrantes. En Parla nadie es extranjero. Esta es mi firme convicción y trabajamos desde el Ayuntamiento todos los días para que sea cierto en todo tiempo y circunstancia. Y sobre la igualdad de la mujer hemos dado grandes pasos, pero aún hay situaciones como la violencia de género o las diferencias retributivas en el trabajo entre hombre y mujeres nos impulsan a seguir esforzándonos en este terreno. Hagámoslo todos, por favor, porque esta Constitución es de todos, sin exclusiones.