El otro día sufrí uno de esos momentos en los que uno se queda en blanco, no sabe muy bien qué decir. Una mujer, como tantas otras, acudió a mi despacho para ver si podíamos echarle una mano en estos momentos de crisis. No voy a contar su caso, delicado y dramático en muchos extremos, pero sí voy a señalar el motivo de mi perplejidad. Esta señora me describió la situación de discriminación laboral que padecía hasta hace unas semanas.Trabajaba más horas y era más productiva que muchos de sus compañeros varones, llevaba más tiempo en la empresa que muchos de ellos, y… cobraba menos que cualquiera de ellos. A pesar de todo, fue la primera en ser despedida por el empresario. No quiero demonizar, ni mucho menos a los empresarios o cargos directivos de las empresas, pero aún hoy, en pleno siglo XXI nos encontramos con este tipo de historias que parecen sacadas de novelas de hace muchas décadas.
Es algo inadmisible. Hoy, día 8, se celebramos el día Internacional de la Mujer. Todos los grupos políticos del municipio estamos de acuerdo en que la igualdad real y efectiva es una prioridad y por ello hemos firmado un manifiesto conjunto. En este documento, entre otras cosas, se pide a la Unión Europea que potencie aquellas políticas que conduzcan a eliminar episodios tan tétricos como el que he contado al principio.
En Parla, hemos organizado una semana de actos para concienciar a todos, pero en especial a los más jóvenes. Ellos son el futuro y la garantía de que la violencia machista, la discriminación de la mujer y la ausencia de igualdad se conviertan en reliquias del pasado, que es en realidad lo que son.
