viernes, 11 de junio de 2010

Un kit kat, por favor

Escribo esto nada más levantarme. La verdad es que quise hacerlo ayer jueves por la noche, en cuanto llegué a casa, pero la semana ha sido muy exigente. Viajes para aquí, reuniones por allá… no os aburro. El caso es que después de tanta tensión y desgaste físico necesitaba un kit kat (como en el anuncio) y lo encontré ayer con un nutrido grupo de escolares de Parla.

En el Teatro Jaime Salom se representaba Cantania, un proyecto educativo y musical en el que han participado siete colegios y más de 400 chavales. ¡Qué placer¡ Me contaban, el profesional pedagógico del Ayuntamiento que nos ha embarcado en esta iniciativa y los profesores que han trabajado en ella, que los alumnos estaban encantados por el trabajo y eufóricos por el resultado (cuatro funciones y todas llenas). Pero me pareció aún más relevante el entusiasmo y orgullo con el que hablaban de sus alumnos los siete maestros (seis mujeres y un hombre) de música de los coles participantes.

Cantania es un proyecto ideado por L’Auditori de Barcelona, al que nos hemos sumado como municipio pionero en la Comunidad de Madrid, en el que los alumnos interpretan una cantanta. Este año el título elegido ha sido La balada del regreso, una obra con letra de Rosa Regás y música de Albert Grau. Los chicos de entre 9 y 11 años que participan han aprendido de una forma muy original aspectos musicales e interpretativos a la vez que los valores de integración, arraigo, solidaridad… que jalonan esta obra. Además, aplaudo el texto elegido para este año, las migraciones resultantes de la Guerra Civil, en el que los ciudadanos de Parla nos miramos y reconocemos a todos los que han contribuido al crecimiento de la ciudad desde los años 60.

Ver a esos chavales interpretar con excelencia y deleitarse con la sincronía que alcanzaron con la pequeña orquesta (formada en su mayoría por músicos de nuestra Escuela Municipal) te resarce de muchos sinsabores. Es una satisfacción observar cómo la Educación pública es capaz de alcanzar la excelencia, de formar por vías alternativas, de impulsar el crecimiento integral de nuestros chavales.

Seguiría alabando lo que vi ayer y recreándome en ello, pero es viernes y se acabó el kit kat. Ya estoy en el despacho. Lets go.

miércoles, 2 de junio de 2010

Ruido catódico

Este pasado domingo en una de las varias actividades que he compartido con vecinos de la ciudad, comprobé como algunas de las personas que se acercaron a saludarme venían con la labia incandescente. Un vecino ya mayor, y al que no veía desde hacía mucho tiempo, se me acercó con ese aire de respeto que siempre traen los que han vivido mucho. “Vaya palos están soltando los de Telemadrid”, me dijo. Y visto lo visto las últimas semanas no pude quitarle la razón.

El ruido interesado que han creado en las últimas semanas creo que supera el ejercicio legítimo (y necesario) de la crítica. Soy un abierto defensor de la libertad de opinión e información. Creo que es uno de los aspectos imprescindibles en la vida política y nos dirige a la senda que sirve para avanzar y que mejore nuestro entorno. Pero cuando las críticas se basan en hechos tergiversados y en datos retorcidos convenientemente entramos en un universo resbaladizo y fangoso.

Peor aún me parece que esas informaciones u opiniones tendenciosas procedan de quienes pretenden convertirse algún día en alternativa de gobierno. Ésos que precisamente no presentan ni una sola idea y que sólo se hayan cómodos en el “no a todo”; ésos que tienen como estrategia el cuanto peor para los vecinos, mejor para mis expectativas electorales; ésos que perdieron en las urnas y ahora pretenden ganar la partida mediática. Pírrico triunfo.

Unos y otros, el amo y la voz que es capaz de verbalizar lo que el patrón es incapaz de pensar, buscan en el ruido catódico una vía de afirmación. Si irresponsable me parece la actitud del amo, inadmisible es la del portavoz, al que pagamos entre todos, ya sirvamos a un color o a otro.

Pero esta reflexión me provoca otras más importantes y productivas. Me reafirman en mi posición de no escatimar esfuerzos en la defensa de la libertad, la transparencia y de aquellos principios que en unos breves minutos algunos "profesionales" de los "medios" han pisoteado sin pudor y sin analizar la repercusión futura de sus actos. Y para terminar, recordar lo que el nada sospechoso Luis Herrero comentó un día de su profesión: “Los periodistas deben criticar, pero no azotar a nadie”.