
La película nos deja el recuerdo de la lucha por recuperar los valores del entonces ocupado París. Valores de libertad, de creatividad, de referente cultural. Y ese ‘siempre nos quedará París’ es el reflejo del sacrificio del amor perdido que jamás volverá en aras de logros más universales. Para muchos, esa frase viene a reemplazar al manido ‘cualquier tiempo pasado fue mejor’. ¿Y a qué viene esta exposición con aromas cinéfilos?
Pues viene a que fue la primera sensación que percibí cuando me enteré del cierre de CNN+. Luego, lo comenté, el día de Nochebuena, en mi perfil de Facebook tras ver la emotiva despedida de Iñaki Gabilondo. Aquello disparó los comentarios y, cómo no, la polémica. Por ello quiero acabar el año con esta reflexión más motivada sobre este asunto apelando, eso sí, al espíritu navideño y a la concordia.
Desde luego, mi intención no es valorar ni entrometerme en las decisiones de un grupo empresarial privado. Y declaro, para los más escépticos, que no soy devoto de Gabilondo ni de Prisa ni de Telecinco. Sentadas las premisas, lo que pretendo es analizar si el libre y sano ejercicio de informarse se pone en riesgo con el cierre de medios como CNN+. Creo, al menos para mí es prioritario y una de las bases de la democracia, que tener acceso a una información plural, rigurosa, alejada de dogmas y proselitismos es algo por lo que todos debemos pelear. Si aceptamos una información tendenciosa, lastrada ideológicamente, alejada de la honestidad, entonces nos crearemos opiniones y actuaremos en consecuencia sobre la base de hechos tergiversados. En otras palabras, estaremos actuando sobre un mundo virtual alejado del real. Estaremos condenados a equivocarnos.
Ahora bien, claro que voto a Zapatero. Soy militante del PSOE, eso es tan cierto como que la tierra gira alrededor del sol y no escondo mis ideas. Al contrario, las hago públicas; enseño mis argumentos; escucho a los demás, y por eso quiero información veraz; defiendo mis ideas. Eso es un sano y edificante ejercicio intelectual inherente no al político, sino al ciudadano y nadie pude sentirse culpable por ello.
Por eso analizaba en Facebook el gris oscuro, casi negro, futuro de mi mando a distancia que ahora será más rehén de los tertulianos de guardar y de guardia (24 horas al día, siete días a la semana, 365 días al año). Esos mismos que pontifican con argumentos interesados e intercambiables según el dictado de su señor. Mi mando será cliente asiduo de esas teletiendas que nos instruyen escolásticamente en el noble arte del consumo compulsivo. Y yo me alejo del mando a distancia porque es lo mejor que le puede pasar a quien quiere pensar en un espacio de libertad y no en ámbito de este “liberalismo” empaquetado en papel celofán.
Aparco para otro día la reflexión sobre ese “liberalismo” o “neoliberalismo” con criterios que me recuerdan cada vez más a aquellos que ocuparon el París en el que Rick e Ilsa se amaron fugazmente, aquellos que intentaron silenciar los sentimientos de ese cínico sentimental y su amante, y al marido de ésta, y al pianista al que le pedían siempre: Tócala otra vez Sam.
Demasiado extenso me ha quedado este último texto del año. Así que abrevio porque, como decía Rick al impagable capitán Louis Renault, “creo que este es el principio de una gran amistad’
¡¡¡Feliz 2011!!!